Airén, la uva ignorada que sostuvo la industria del vino y brandy en España

Texto y fotografías: Joaquín Parra Wine UP! y archivo. Diciembre de 2025

M.A.G.A. De Datileña a Airén: Crónica de la Variedad Que Sostuvo la Industria del Vino y el Brandy en España. Make Airén Great Again.

Para muchos expertos en vino, tanto de fuera como dentro de España, la variedad Airén resulta una variedad desconocida. No es de extrañar si consideramos que durante décadas las propias bodegas productoras fueron las primeras en subestimarla, relegándola a un papel secundario y sin prestarle la atención que merece como materia prima para vinos de calidad. Como se decía en mi tierra (La Mancha), sólo servía para hacer “vino para quemar”.

No obstante, hablo de la que, durante décadas, fue la variedad más plantada del mundo superando las 420.000 hectáreas hace apenas 30 años. Desde entonces ha perdido más de 230.000 hectáreas, situándose actualmente por debajo de las 190.000. Aun así, continúa rivalizando con la Chardonnay como la variedad blanca con más hectáreas plantadas en el mundo.

Para comprender la magnitud de estos datos, es imprescindible recorrer su historia y, sobre todo, identificar su principal y casi exclusiva localización: Castilla-La Mancha.

 

UN POCO DE HISTORIA

Antiguo aparato de destilación en Tomelloso

Como sucede con tantas otras variedades, se desconoce el origen de la Airén. La primera mención documentada data de 1513, en la obra Agricultura General de Alonso de Herrera, donde aparece bajo el nombre de “datileña”. Por el aspecto compacto de sus racimos, el autor la consideraba apropiada para la producción de pasas. Conviene recordar el contexto de esa época: la reconfiguración agraria posterior a la expulsión de los musulmanes de la península ibérica.

En el siglo XIX, el nombre evoluciona hacia “Layrén”, con sinónimos como Mantúo Laerén o Laeren de Rey. Ya entonces se valoraba su potencial para la destilación de aguardientes, especialmente en zonas como Valdepeñas o Manzanares, donde ya en el 1860 se habla de la instalación de Larios. No es hasta 1914 cuando aparece su denominación actual, “Airén”, recogida por García de los Salmones junto a otras formas como Aidén, Blancón, Forcallat, Manchega, Valdepeñera o Valdepeñas. Esta diversidad de nombres refleja su difusión por distintos territorios.

 

La gran expansión de la Airén se produce a finales del siglo XIX y principios del XX, coincidiendo con la crisis filoxérica en Francia y Europa, y el auge del brandy de Jerez. La Mancha, con un clima extremo pero válido para esta variedad, se convirtió en un importante centro de abastecimiento para destilerías. Un ejemplo ilustrativo es la instalación de Pedro Domecq en Tomelloso, donde a finales del siglo XIX se estableció una de las primeras destilerías industriales de la región. Esta localidad llegó a albergar 40 destilerías en los años 60 del siglo XX, consolidando a la Airén como una variedad clave en la industria que llega hasta nuestros días.

 

¿POR QUÉ APOSTAR POR AIRÉN Y NO POR OTRA VARIEDAD BLANCA?

La respuesta está en su resiliencia. La Airén está perfectamente adaptada al clima extremo de la meseta sur de la península: inviernos muy fríos y veranos tórridos que superan con frecuencia los 40 ºC, con una pluviometría media entre los 400 y 600 mm anuales.  A pesar de ello, mantiene rendimientos aceptables incluso en condiciones de secano. También muestra resistencia natural a muchas enfermedades, lo que permite reducir significativamente los tratamientos fitosanitarios y, por tanto, los costes de producción.

En condiciones óptimas, con riego abundante, puede superar los 30.000 kg/ha. Sin embargo, este nivel de productividad penaliza la calidad del fruto, por lo que yo defiendo la diferencia del uso de esta uva, para uso industrial sin límite de producción y para vinos embotellados, una limitación más exhaustiva.

 

CARACTERÍSTICAS ENOLÓGICAS DE LOS VINOS DE AIRÉN

Los vinos obtenidos de viñedos de alta producción suelen presentar un perfil organoléptico neutro, con acidez baja y escasa intensidad aromática. Los descriptores más frecuentes en vinos jóvenes incluyen notas de fruta blanca, plátano y un leve matiz herbáceo. Son vinos ligeros y de paso fácil.

En cambio, las vinificaciones procedentes de viñedos viejos, algunos en pie franco, cultivados en secano y a altitudes superiores a los 700 metros, han demostrado gran potencial. Elaboraciones cuidadosas, con fermentaciones controladas y crianza sobre lías en tinajas de barro, dan lugar a vinos muy complejos, con marcado carácter mineral, recuerdos de frutas de hueso, hierbas de infusión y cera de abejas. En boca son vinos gastronómicos, con buena estructura, equilibrio y persistencia media.

 

UNA VARIEDAD INVISIBLE: DEL USO INDUSTRIAL A LA REIVINDICACIÓN

Históricamente, la Airén ha sido una variedad invisibilizada, empleada mayoritariamente para la destilación de alcohol vínico y la producción de mostos concentrados. De hecho, en la primera década de los 2000, Tomelloso (Ciudad Real) llegó a destilar cerca del 45 % del alcohol vínico a nivel mundial.

Su utilidad va más allá de la destilación. La Airén ha sido empleada masivamente en la elaboración de mostos concentrados —hasta de 5 millones de hectolitros según la demanda— que se exportan como materia prima para mezclas con otros zumos de frutas e incluso, en países fuera de la UE, para ser rehidratados y fermentados en la elaboración de vinos.

Por su perfil neutro y su equilibrio en grado alcohólico (entre 11 y 13 %), se ha convertido en un recurso habitual para cortes con otras variedades. Su uso permite suavizar acideces excesivas, aportar volumen y estabilizar el grado alcohólico de los vinos, todo ello con un impacto mínimo en el perfil aromático final y, sobre todo, con una significativa mejora en los costes de producción.

 

EL FUTURO DE LA AIRÉN, M.A.G.A.

Un puñado de bodegueros visionarios en Castilla-La Mancha están liderando una auténtica recuperación del valor de la Airén. Mediante el trabajo con viñedos viejos, situados en altura y elaboraciones tradicionales en tinajas de barro, están demostrando que esta variedad tiene mucho que decir en el nuevo panorama del vino blanco.

En un contexto de creciente demanda global de vinos blancos, la Airén, por fin, empieza a despojarse del sambenito de “uva industrial” para presentarse como lo que realmente puede ser: una variedad con identidad, capaz de ofrecer vinos auténticos, expresivos y profundamente ligados a su territorio.

 

 

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